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*Texto traducido de reportaje escrito por Daniel Howden publicado el 23 de Diciembre de 2005 en el diario The Independent
Cuando el terremoto comenzó, Natalia Marcelina Pedoyo estaba sentada en su casita de adobe. "Se cayó encima mío", dice, levantando el ala ancha de su sombrero andino y señalando los escombros y la paja que ahora marcan la esquina de su patio trasero. "De repente todo comenzó a moverse. Tratá de escapar pero todo se derrumbé y me enterró hasta los hombros. Gracias a Dios que esto estaba hecho de tierra".
En casa, en los pueblos jóvenes pegados a los cerros polvorientos de Moquegua al sur del Perú, la Sra. Pedoyo y su hija discapacitada, son algunas de las miles de familias que viven en la miseria y tratan de salir adelante en una de las regiones con los niveles sísmicos más altos de Latinoamérica. Han transcurrido cuatro años desde que las placas tectánicas que se encuentran debajo del paisaje árido cerca de la frontera con Chile se movieran por última vez con tal efecto devastador. Su vecina Eleodora Mamani Diaz recuerda cada detalle de ese día.
"Estaba caminando hacia arriba del cerro a mi casa cuando todo comenzó a sacudirse", nos dice. "Vi mi casa partirse en dos y deslizarse hacia adelante. Estaba aterrorizada y comenzó a llorar. De un lado a otro de los lados del cerro, las casas se deslizaban hacia abajo como piezas de dominó, una tras otra, bajaban el cerro. Todo lo que podías ver era polvo y cuando se aclará, todo era escombros".
Para el ojo poco entrenado, pareciera que, al mirar el cerro árido hoy en día, poco hubiera cambiado. Sin dinero para materiales, la gente ha forjado albergues con un poco más que esfuerzo y arena. Esteras de carrizo cubren los postes oxidados, estirados como velas de barco al viento mientras un fino polvo cubre todo, dentro y fuera.
Pero entre los pueblos jóvenes coloreados de arena, aparecen como puntos, manchas de color intenso. Estas casas pintadas de color brillante, con suaves paredes de adobe y tejados arqueados con tejas color terracota, son fruto de la creatividad de Soluciones Prácticas, una de las organizaciones benéficas apoyadas en el Christmas Appeal de este año. Son también, de acuerdo a su arquitecto, un modelo para aliviar desastres en zonas sísmicas.
Douglas Azabache, quien trabaja para Soluciones Prácticas, dice que su diseño mezcla la quincha peruana y los ladrillos de adobe con bases de concreto, con el propósito de obtener lo mejor de los métodos de construcción tradicional así como de la nueva tecnología.
Desde afuera, las casas parecen versiones pequeñas de las típicas casonas moqueguanas que soportaron miles de temblores por cientos de años. "Escogío este diseño porque ya era antisísmico, y pertenece a esta región", dice. "Así que pensé, "Mantengámoslo y veamos cómo mejorarlo." Los materiales cuestan menos de 600 por casa y la comunidad fue entrenada en cómo usarlas. Después del desastre, Soluciones Prácticas se enfocó en los más vulnerables, ofreciéndoles materia prima y ayuda de expertos a cambio de su trabajo.
"Cuando llegué aquí, cada uno se las arreglaba por cuenta propia", dijo el Sr. Azabache. "Soluciones Prácticas los ha provisto de liderazgo y los puso a trabajar juntos. Nadie se sentó simplemente a mirar cómo se le construyó su casa".
Muchos de los seleccionados para este proyecto fueron mujeres, quienes tuvieron su primera experiencia en el trabajo de construcción. Mariella Aguilar fue una de ellas. Ahora es una experta en albañilería, colocación de tejas y construcción de techos.
"Al principio era alucinante", nos dice. "Teníamos todos estos materiales frente a nosotros. Nunca había visto este cable antes, y no sabía qué hacer con él". Su amiga, la Sra. Justina, quien ya ha construido una pequeña extensión de la estructura original de su casa, dice: "La primera vez que puse mis manos en el concreto éspero, sangraron. Era difícil construir la pared porque soy bajita. Los hombres me fastidiaban pero yo quería igualarlos". El legado de estos constructores novatos y de su arquitecto es ahora la envidia de sus vecinos. Y las habilidades que aprendieron les ayudaron a cambiar sus vidas. La Sra. Mamami Diaz contó que su esposo ahora podía trabajar en construcción, en lugar de trabajar de comerciante.
Después de cuatro años y cientos de temblores las casas se mantienen fuertes. Alrededor de ellas, los albergues y las chozas que todavía dominan la escena del pueblo joven tienen rajaduras producidas por la tierra inestable. El arquitecto, recibido como héroe en su primer regreso al lugar, dijo que las casas se mueven con los temblores. "Están construídas como un collar, cuyas cuentas pueden moverse sin romper la cuerda".
Soluciones Prácticas está tratando de persuadir al renuente gobierno local para que haga uso de estas ideas ya comprobadas. Pero las lecciones aprendidas en el polvo de Moquegua, y en otras partes del Perú, podrían ser aplicadas a cualquier región afligida por la pobreza y por terremotos, cree el Sr. Azabache. "Las ideas que sustentan este proyecto son replicables. Se necesita de un arquitecto que entienda la situación local y cómo enriquecerla".
La felicidad de contar con "lindos hogares" como los llaman sus dueños, le ha dado a la gente, especialmente a las mujeres de la localidad, un sentido de orgullo del que carecían. El esposo de la Sra. Justina había tenido que dejarlos para poder mantener a sus tres hijos antes del terremoto, pero reapareció cuando ella construyó su nuevo hogar.
"Cuando él se fue y los niños eran pequeñitos, no tenía idea de qué hacer", nos dice la Sra. Justina. "Ahora estoy muy orgullosa. Es nuestra casa, le digo a mi marido. él puede venir e irse, como quiera. No lo necesitamos, salvo que quiera ser un buen esposo y padre. Ahora tenemos un hogar propio".
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